Fue un acompañamiento en un parto a una mujer muy querida por mi…
La situación la viví con algo de tensión, ya que no todas las personas presentes estaban muy de acuerdo con mi presencia.
A partir de ahí, acepté la situación acordándome de lo común que ha sido esto en muchos de los contextos en los que he trabajado. Me centré en poder conectar con lo que había, lo que estaba pasando, el proceso de la mujer, lo inevitable, lo sorprendente, lo abrupto de lo que surgía… y en los momentos de más calma pudimos viajar al pasado, a las mujeres que nos habían precedido y en sus vidas, muchas de ellas difíciles, de dolor, soledad, sumisión, reclusión, locura… todo este era el contexto al que la pequeña, que estaba esforzándose en salir, llegó. Llegó a completar su camino, su destino, su viaje. Llegó atravesando lugares difíciles, duros, tratados de manera amorosa. Apareció a las manos de la ginecóloga que confiaba, la matrona que aprendía y apoyaba, la madre que sufría y lloraba, yo que apoyaba amorosamente y el padre que sostenía firmemente, con todas sus emociones también.
Y así llegó este pequeño gran regalo de Reyes cargado de ilusiones, alegrías, historias y miedos, para vivir su vida desde ese lugar especial que el destino le tiene preparado.
